viernes, 3 de julio de 2015

354



No estoy de broma. En el piso de al lado están hablando de mí. Ven, pega la oreja a la pared. Así, más cerca. ¿Lo escuchas? ¿Oyes lo que dicen? Ni siquiera les conozco. No sé quiénes son. ¿Vive alguien ahí? Creí que ese piso estaba deshabitado. Hace tiempo que lo está. Desde que se fue aquel tipo. ¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo. No importa. ¿Lo escuchas? ¡Ahora! ¿Has visto? No estoy loco. Dicen continuamente mi nombre. No me mires así. Ya sé que podrían estar refiriéndose a otra persona, pero dicen cosas sobre mí que sólo tú y yo sabemos. Nadie más. Y algunas ni siquiera tú. No sé qué les he hecho. Desconozco por qué lo hacen. No les conozco. Ni siquiera les he visto salir del piso. Puede que me los haya encontrado en el portal y no me haya dado cuenta. Ya sabes lo despistado que soy. No me entero de nada. Pero esas voces… Llevan así un buen rato. Estaban gritando antes. No sabes qué gritos. Parecían discutir. Son un hombre y una mujer. Como tú y yo. Un hombre… y una mujer. Y no parecen llevarse muy bien. Bueno, puede tratarse de una simple discusión. Pero el hombre me odia. Y  la mujer, aunque más el hombre. Escucha… No, ahora no están hablando de mí. Pero en breve lo harán. ¿Qué les habré hecho? No recuerdo haberle jodido la vida a nadie. No hasta ese punto. ¡Qué insultos! No sé si ir y decirles algo. Aclarar esto. Si es que hay algo que aclarar. No, mejor me quedo aquí. Si algún día me los encuentro, tendré unas palabras con ellos. Esto es intolerable. No se puede venir así, avasallando; criticando a alguien que no conoces. De esa forma… Con esas palabras… No sé cómo habrán podido averiguar aquello. Ni siquiera a ti te lo he contado. No, no lo voy a hacer ahora. No es algo de lo que me sienta orgulloso. En realidad, es algo asqueroso que intento esconder desde entonces. Era muy joven… Un inconsciente. No me pidas que te lo cuente porque no lo voy a hacer. Además, no fue la única vez. Sucedió un par de veces más. Era inevitable. Yo… En fin, no puedo cambiar el pasado. Son cosas que suceden. Mira, escucha. Ahora están hablando sobre mí. La mujer… El hombre calla. Aunque, no veas lo que habla el tío. Ahora se ha callado. Su voz me recuerda a alguien. No, si va a resultar que les conozco. Sería gracioso, ¿verdad? Que no te voy  a contar lo que pasó. No insistas. No es algo de lo que me sienta orgulloso. Si te lo contara… No sé qué pensarías de mí. No sé si querrías seguir viviendo conmigo. Es posible que te enteres por los vecinos, sí. Es muy probable. Pero mientras no sepas nada de eso, mucho mejor. ¿Por qué me tiene tanto asco esa mujer? ¿Qué dices, que ahí no vive nadie? Eso pensaba yo, pero escucha las voces, joder. No me lo estoy inventando. ¿No escuchas nada? Imposible. Pega la oreja a la pared, como yo. ¡Joder, pega la puta oreja a la pared! ¡No te grito! ¡NO ESTOY GRITANDO! ¡Pega la oreja a la pared! Escucha lo que dicen. ¿Por qué habría de inventarme semejante locura? No, no me pasa nada. Estoy bien. Ya me lo has dicho. Ya sé que no vive nadie ahí, pero oigo perfectamente sus voces. ¡Joder, serán fantasmas! ¡Yo qué sé! Deja de mirarme así. ¡No me mires como si estuviera loco! ¡NO LO ESTOY! ¡Que no estoy gritando, hostia! Te digo que hay gente hablando sobre mí al otro lado de la pared. Gente. Más gente. Se juntan más. Hablan. No dejan de criticar. No me toques. No paran de sacar temas sucios. Como aquel… Como… ¡Déjame! Voy a ir a hablar con ellos. No deja de llegar gente. Serán unos diez. Veinte quizá. Hablando de mí. ¿Por qué no se preocupan de sus propias vidas? ¿Qué tiene la mía de especial? Se ríen… ¡Jajaja! Se están riendo. ¡DE MÍ! Esto es la hostia. Voy a ir. ¡Que me sueltes, joder! ¿Por qué lloras ahora? No llores. Cariño, lo siento. Vale, no voy a ir, pero deja de llorar. No puedo verte así. Lo siento. Ahora nos vamos a relajar y vamos a sentarnos en el sofá. Todo está bien. Si quieren hablar, que hablen. Ojala se traguen sus palabras… se mueran pronunciando mi nombre. Vamos, no llores más. Sentémonos. Todo está bien. Todo… está… bien…

martes, 30 de junio de 2015

353



Bajas tranquilamente las escaleras del colegio en un luminoso día de primavera en el que nada malo puede suceder. Una suave brisa golpea tu rostro acalorado y lo agradeces en silencio. Sólo esbozas una tímida sonrisa. Te esperan tus clases de teatro y poco más. La vida, en estos momentos, tiene poco de complicado. Deslizas tu cuerpo hormonado por los escalones abajo como si flotaras, como si fueras una especie de fantasma entre tanto jaleo. Los alumnos salen gritando y riendo, haciendo el máximo ruido posible para afianzar su propia identidad. Tú no. Hoy no. Entonces la ves, rodeada de tus amigos, al final de la escalera, apoyada en un coche, con esa sonrisa por la que tantas veces has suspirado. ¿Cuánto hace que se fue del colegio? No lo recuerdas, pero parece una eternidad. La ves más mayor, un poco más adulta. Incluso se vislumbran un par de hermosos bultos en su pecho preadolescente. Tu cara arde. Uno de tus amigos te llama y te dice que vayas. Saben lo que has sentido por ella. En realidad, medio colegio ha sentido lo mismo que tú. No eres especial. Pero, en algún momento dado, te lo has creído. Te acercas. Chicos y chicas la rodean. Hablan entre ellos. Ríen. Es la sorpresa de un día cualquiera. Según avanzas, notas tu rostro enrojecer. Tiemblas, pero sigues firme. Ya estás a su lado. La miras y tu corazón estalla. Saludas con una sonrisa nerviosa. Y ella apenas responde. Alguien te dice que le des dos besos. Eso es de mayores y lo sabes, pero quieres crecer de inmediato. Ni siquiera oyes a tu voz interior que te advierte que no lo hagas. Da lo mismo. Te has crecido estos últimos meses. Pones la boca en posición y acercas tu cara a la suya. Sin embargo, ella aparta la cara con sorpresa y desprecio. Todos son testigos. Y entonces se oyen las risas. Tú sólo quieres desaparecer en ese mismo instante. Te das la vuelta. No dices nada. Sales corriendo. Oyes las risas alejarse, pero la vergüenza te acompaña. Se mete dentro, ennegrece tu interior. Entras en clase de teatro y todo parece volver a la normalidad. Sin embargo, nada volverá a ser lo mismo. Y lo sabes.

viernes, 26 de junio de 2015

352



Es la sensación de estar harto.
Es la hartura de sentir. 
Es lo que no sale y sin embargo avanza. 
Es la mierda que hay que tragar. 
Es el trago que tienes que soportar. 
Es la visión de la nada. 
Es la nada convertida en cero. 
Es la desidia mudada en hábito. 
Es la cotidianidad saboreada por la malicia. 
Es el corazón en la garganta como acto vital. 
Es la cobardía de no saber estar.
Es el estar siendo un imbécil a todas horas.
Es el sentirte como tal.
Es la canción que una vez oí convertida en vómito. 
Es el sueño que nunca se cumplió. 
Es la mentira como forma de vida. 
Es la vida transformada en una enorme broma.
Es el no confiar, no querer, no ser.
Es ver cómo todo lo que creías no existe. 
Es saber que lo que existe no vale nada. 
Menos que eso.
Menos que cero. 
Es encontrarte con caras extrañas en los cuerpos de viejos conocidos.
Es la gente nueva que te habla sin parar. 
Es detenerse, sentirte raro y no saber qué hacer. 
Es el preguntarte todos los días qué va a pasar. 
Es el intentar pasar de puntillas por el resto. 
Es el resto regurgitado con asco.
Es el asco asqueroso que no me deja tragar. 
Es la infancia transformada en mito, 
y el resto de tu vida en algo que no sucedió. 
Es el querer hacer y no poder. 
Es no poder por no querer. 
Es ralentizar lo inevitable. 
Es esconderse continuamente para no recibir metralla. 
Es la rabia que me ahoga. 
Es la sensación de no haber hecho nada bueno en mi vida.
Es la resaca de recibir la bofetada,
y cuando te estás recuperando, recibir otra más.
Es el no querer levantarse por las mañanas. 
Es el refugio alcohólico mezclado con pastillas naranjas. 
Es el permanecer dormido las veinticuatro horas.
Es el no soñar más.
¿Para qué? 
Es no cambiar el discurso. 
Es escribir y hablar siempre de lo mismo, 
si es que se escribe o se pronuncia una sola palabra.
Es no ver futuro. 
Es sentir demasiado el presente. 
Es encontrarse con la farsa del pasado 
y darte cuenta de que lo único que creías auténtico, tampoco sucedió.
Es que hoy es hoy. 
Es lo que hay.