martes, 5 de mayo de 2015

348




 
Una habitación blanca, diáfana, a excepción de una cama deshecha en el centro de la misma y un pequeño banquito que descansa a un lado. Ausencia de ventanas y puertas. Una viga recorre el techo. Las paredes tienen grietas que se abren amenazantes, como venas negras que destacan sobre la superficie blanca. Un hombre desnudo se sienta cabizbajo en la cama. Pelo revuelto, aspecto insano. Delgado. Su piel amoratada acrecienta la sensación de frío de la habitación. Al fondo, pegada a la pared, una mujer desnuda con la cabeza gacha. El pelo largo oculta su rostro por el momento. Los brazos atrás, escondiendo una larga cuerda de color ocre.

HOMBRE: - Sí, lo sé… Ahora lo sé… La negación de tu recuerdo es como negar mi propia existencia… morir o desaparecer… que para el caso es lo mismo… esconderme de todo… de todos… (levanta la cabeza. La mujer hace lo propio al mismo tiempo) meterme en esta habitación de paredes blancas y campo diáfano para oír únicamente las voces de mi cabeza agolpándose en el cerebro enfermo en el que te creé… porque no tengo prueba alguna de tu existencia pese a la imagen nítida que poseo de tus ojos… de tu boca… de tu lengua paseándose por unos labios que no recuerdo si besé… no lo sé… (la mujer esgrime la cuerda y la lanza a la viga. Queda colgando con un nudo de ahorcado en su final por encima justo del hombre)  necesito este retiro en el que me embarco para saber de ti y cribar lo soñado con la realidad… negar todo aquello que me hace daño que es mucho… lo sé, pues siento la enfermedad crecer dentro de mí y volver mis entrañas de un extraño color negro… mientras, las voces de todos esos hombres rebotan en estas paredes lechosas donde tiempo atrás alguien colgó cuadros o fotografías de parientes muertos…(la mujer se desliza lentamente hasta donde está el banquito, lo coge y lo pone a los pies del hombre. Se aparta un par de metros y mira al hombre)  despertar… soñar al mismo tiempo… la negación de tu tacto sería negar mis propias manos… no sé si éste es el momento presente o un pasado que recuerdo en un futuro probable… y ahí estás, apartada… mirándome fijamente mientras tu cuerpo tiembla a causa de tu propia desnudez… ahora estás… ahora no… (el hombre se levanta mientras se lleva dolorido las manos a la cabeza) ráfagas de luz cruzan mi visión… oigo ruidos estallar en mi cerebro… no me encuentro bien… (se abraza intentando aplacar el frío)  había palabras en ti propias de maniacos y cerdos… hablabas de temas  que eran terribles de oír... y entonces me callé y enmudecí para siempre… callé ante esos gestos extraños y esas miradas cargadas de indiferencia… imposible decir más… mejor no comprender… callé como si el asco gozara del momento… y ellos… todos esos hombres… ellos… deseaban tu cuerpo… luchaban por llamar tu atención… ellos no eran palabras ni frases hechas, pero las escupían con veneno y orgasmos líquidos… como si la vida les fuese en ello… como si no hubiera nadie a quien respetar, excepto a sus propias pollas… como si no hubiera un mañana limpio… y yo te lancé a ellos… te empujé… no te culpo… fue mi carácter.. mis celos… mi visión pesimista del mundo… mi hermetismo… hiciste lo que pudiste para ser feliz… y mientras, me sonreías en mitad del engaño con esos labios que iluminaban días grises para decirme o susurrarme palabras que se clavaban en mi oído y lo taladraban hasta el cerebro… (el hombre mira el banquito y se sube en él) esos labios me hablan en sueños.. me dan los buenos días… me acarician verdades vetadas y ocultas hasta hace poco tiempo…es garganta profunda quien me habla… es un momento cualquiera en mitad del infinito… es soy yo… y yo… y una risa… y una lágrima… y un estoy triste… y una maldición… y un abrazo… y un adiós… y un sentimiento de vacío… y un no volver a reír… ( El hombre coge la cuerda y se la coloca alrededor del cuello) los ojos en blanco… la mirada perdida…puñetazo directo al estómago… arcada infinita relajante estoica innombrable… podría sugerir espacios donde encontrarme contigo… podría nombrar momentos en los que desearía estar muerto… esos labios me queman… me matan… me encienden… me abrasan… crepitan en mi boca… se deslizan por mi cara hasta llegar a mi oreja donde su aliento fresco susurra verdades que sangran… ( la mujer se acerca hasta el hombre. Le mira desde abajo) esos ojos me miran… este tiempo se acaba… (la mujer baja la mirada hasta el banquito) he creído morir y explotar por dentro mientras esos labios me narraban cuentos…
La mujer empuja el banquito y el hombre se ahorca. El cadáver se mece de un lado a otro, mientras la mujer se sienta en la cama, coge un cigarro del suelo y un mechero y lo enciende mientras baja la mirada.

martes, 28 de abril de 2015

347



El salón de un apartamento completamente diáfano a excepción de un sofá en el centro de la estancia. En él se sienta un hombre con la cabeza cubierta por completo por un trapo blanco. Viste traje oscuro, camisa blanca y corbata negra. Se sienta rígido en el sofá, mirando al frente sin mirar, mientras sujeta despreocupado un tercio de cerveza con su mano derecha. El reflejo de un televisor sin sonido ilumina de forma cambiante la escena. Entra por la derecha con paso lento y errático una mujer de unos cuarenta años. Desnuda, piel blanquecina, con algunos moratones en sus muslos. Despeinada y con aspecto de haber llorado. Sus muñecas y manos chorrean sangre. La mujer se detiene a escasos pasos del hombre. Le mira atentamente. Él ni se inmuta. 

     -¿Ya estás aquí?... ¿Ya has llegado?... No te he oído entrar… ¿Por qué no has ido a verme?... Da igual… Ya da igual… No has ido a verme… Hace tiempo que no lo haces… Ni un beso de buenas noches… Nada…  No importa… Tampoco te esperaba tan pronto… Al menos podrías saludar… Decir algo… No sé… Qué tal te ha ido el día o algo parecido… Ya sé que es mucho pedir… Y más después de todo lo ocurrido… Después de toda la mierda que hemos vivido… Quizá no merezca tu desprecio… Ni siquiera tu silencio… He sido mala… Muy mala… Lo reconozco… O no… Ya es tarde para reconocer mierdas… Lo siento… ¿No dices nada?... Mejor… Tengo algo que contarte… O no… No te cuento nada… Será mejor que lo descubras tú mismo… He soñado tantas veces con este momento, que decirte algo sería romper una ilusión… La única que me queda… Que me quedaba… ¿Has ido a ver al niño?... ¿No?... ¿Qué has hecho desde que has llegado?... ¿Sentarte y ver la tele?... Yo que tú iría… No es una advertencia… Puede que te necesite más de lo que crees… Puede que los dos te necesitemos… Tranquilo… Todo está bien… Al menos de momento… Quizá, más tarde… Siempre quise que fuese así… Incluso el tiempo acompaña… Llueve… Hace frío… Nunca quise morir en verano… Ni un domingo por la noche… Habría sido un chiste… Una broma macabra… Una de tantas… Por eso es mejor ser dueño de tu propia muerte… ¿Tú qué opinas?... No digas nada… Tus palabras ya no me sirven ni me consuelan… Siempre han estado tan vacías… Como tú… Vacío por dentro… Eres un profundo agujero negro en el que todo lo que cae desaparece… Como yo… Caí… (Silencio. Levanta los brazos ante sí) Se me parten los brazos… Está rígidos… (Silencio) No has ido a verme… ( Pausa. Baja la cabeza y los brazos) Recuerdo… No… Mejor no recordar nada… De poco van a servir los recuerdos en estos momentos… Y mañana ni siquiera existirán… ¿Tú tienes algún recuerdo agradable conmigo?... Supongo que sí… Pero pasó hace tiempo, ¿verdad?... Hace mucho tiempo… Cuando aún me respetabas… Cuando yo aún te amaba… Cuando sentías algo por mí que no fuese asco… Qué raro suena… Hace tanto tiempo de aquello que creo haber vivido la vida de otra persona… Qué extraño es todo… Y sin embargo, no me siento mejor que hace una hora… Ni mejor que ayer… Ahora que todo ha terminado… Por fin… Para los dos… También he pensado en ti, aunque de otra forma, tengo que confesarlo… ¿No dices nada?... ¿No tienes nada que opinar?... Déjalo… Estoy acostumbrada a tu silencio… ¿No te extraña verme así?... Es verdad… Me has visto en situaciones peores… Has sido testigo y partícipe de ello… Lo recuerdo… Tú también, ¿verdad?... ¡Oh, claro que te acuerdas!... Esas cosas no se olvidan… No hay que estrujarse demasiado la sesera… Puede que pasase ayer… O hace una semana… A quién le importa... Bueno, a mí me importa… Pero ya no… Anda, ve a ver al niño… Y cuando nos encuentres, hazme un favor… Grita… Grita todo lo que puedas… Que parezca que alguna vez sentiste algo por nosotros…Que salga algo sincero y con sentimiento de ese cuerpo gélido… Grita tanto que termines por romperte la garganta… Sí, grita… (La mujer lanza un grito agudo y extenso) Así todos sabrán… Todos conocerán… El infierno… (Se sienta en el sofá y mira al frente) ¿Te importa si cambio de canal?... Nunca he soportado este programa…

jueves, 9 de abril de 2015

346





                Manuel quiere un zumo, pero nadie ha exprimido las naranjas.  Observa la vitrina vacía y se pregunta enojado qué es lo que ha fallado. Manuel podría ir a comprar naranjas, pero no quiere salir de casa, o no puede, o le es imposible. Lleva tiempo inventándose excusas que a nadie importan para no tener que abandonar un apartamento que en estos momentos arde por los cuatro costados. Mira el fuego con despiadada frialdad poco antes de abrir la nevera y quemarse con el tirador al rojo vivo. Ni siquiera se queja. “Yo era joven hace tiempo”, musita. Observa el interior de la nevera, y el frío vacío revienta el estómago vacío de un día vacío envuelto en llamas. “¡Mierda!” No hay nada que llevarse a la boca. Manuel se da la vuelta y se dirige al salón acompañado de lenguas de fuego que rebosan la estancia e intentan lamerle. En el pequeño salón del cuarto de estar de una habitación cualquiera, ella desayuna tranquila y meditabunda. Manuel se acerca y mira ese rostro del que, en algún momento pasado, se enamoró con locura. Ahora sólo ve restos de comida en una boca que le habla pero que nada dice, pues nada tiene que decir. Ridiculeces que retrasan el sabor del huevo duro enmudecido por la ventisca del sistema decimal. Caen las cortinas completamente quemadas, y Manuel pregunta por su zumo. Chasquidos de una mandíbula que se abre y se cierra. Ella se encoge de hombros, se atusa el pelo y sonríe. Recoge con la lengua pedazos de huevo que cuelgan de su boca roja como un sexo abierto. Observa al cónyuge y no puede evitar vomitar en el suelo. Ella se levanta, se limpia con delicadeza nauseabunda los contornos de la boca y esboza una amarga sonrisa caleidoscópica. Las paredes escupen fuego. La mujer se pone el abrigo y sale por la puerta sin despedirse. Manuel  desea su zumo, y quizá un par de galletas, pero no quiere salir de casa. O no puede. O no quiere. O le es imposible. O no quiere. Reza para que alguien le ayude, pero ni siquiera sabe rezar. O no quiere saber. O no puede saber. O sencillamente no sabe. O no quiere la amistad floja que arropa el desencanto eterno de una mirada fría hundida en un zumo de naranja ácido cristalino revuelto en el ambiente edulcorado de un infierno que derriba la casa. Arden las paredes y no hay nada que hacer. Manuel se sienta en el sofá calcinado y espera, sin saber el qué.

jueves, 12 de marzo de 2015

345





En la habitación de invitados hay alguien, lo sé, le oigo, puedo sentirlo, hay alguien en la habitación de invitados, encerrado, hablando solo, riendo, a veces discutiendo y paseando, sin permitir el paso a nadie, pero yo no tengo habitación y mucho menos invitados, quién hay y dónde estoy es fácil de saber, en la habitación de invitados hay alguien, alguien que se ha encerrado, de eso estoy seguro, ha echado el pestillo, canta y habla solo, y en contadas ocasiones pasea y arrastra sus pies por el suelo, soy yo, pero yo no estoy invitado por nadie ni nadie me ha permitido entrar aquí, por lo tanto… ¿dónde estoy? ¿quién soy? es fácil de adivinar, en la habitación de invitados no hay nadie y nadie ríe ni canta ni habla solo, la habitación de invitados es nada, pues nada es, o puede que únicamente sea el reflejo del espejo en el que me miro en mi propia habitación, sin ver más allá, ya que en realidad no hay nada, no existe nada, el vacío, esa es la habitación, ese es el invitado, el único que hay, que no tiene anfitrión ni ha sido atraído a sitio alguno con un propósito específico, es él quien después de la fiesta que nunca se produjo puede vomitar a gusto en el suelo, nadie dirá nada pues nada podrá decir nadie, a excepción del único invitado que no es tal y que cierra la puerta de una habitación que no existe, o sí, en la habitación hay un invitado, en el invitado está la habitación, me meto en el invitado para poder dormir en la habitación, cierro el invitado, me encierro en la habitación y hablo con el invitado, pero en realidad hablo solo porque no hay invitado, el invitado soy yo, entonces me abro para poder entrar en la habitación de invitados y descansar, una vez dentro cierro al invitado hablo con la habitación, pero ésta no responde, por lo tanto hablo solo, si en realidad soy yo el que habla, estoy seguro de ser el que escucha, pero no el que habla, en la habitación hay un invitado y una habitación y un monólogo que nadie escucha, el monólogo dentro del invitado y el invitado dentro de la habitación, y todo ello en el interior de quién sabe quien, se cierra una puerta del invitado para abrir la de la habitación y cerrar el monólogo, pero nadie habla, sólo canta, y discute, y ríe, y llora, y a veces se calla antes de abrir al invitado y encerrarse en la habitación para continuar con el monólogo que no existe en un tiempo que ha vencido y por fin descansar, en la habitación de invitados hay alguien pero me resulta imposible conocer quién es, tengo cosas más importantes que hacer que preocuparme por invitados que no he invitado a habitaciones que no tengo, quién sabe, ni siquiera soy yo

martes, 10 de marzo de 2015

344



Sus pies desnudos manchados de pintura encima de mis piernas

Es cierto, hay mucho en lo que pensar

Mucho de lo que arrepentirse

Y quizá, hasta mucho por lo que llorar.

Si, lo sé, hay mucho por lo que quitarse de en medio,

Tirar la toalla, renunciar y evaporarse,

Tragarse una caja entera de pastillas

Y dormir para nunca más despertar.

Hay mucho por lo que sentirme el ser más despreciable,

Insignificante,

Repugnante,

Asqueroso y repulsivo de todo este imperio de mierda.

Y sin embargo, alejo todos esos pensamientos

Para concentrar mi mirada en sus pies desnudos

Manchados de pintura.

Podría estar así, en silencio, admirándolos hasta caer muerto.

Podría, no exagero ni miento.

Y aunque me dice que no

Con una sonrisa que ilumina todo su hermoso rostro,

Intento besarlos,

Acariciarlos,

Arrullarlos al amparo de mi pecho.

Son la prueba de lo que ella es.

De lo que ama, por lo que lucha,

Del arte que inunda su cuerpo,

De la belleza que la caracteriza

Y que emana como un candil en la oscuridad

De un mundo apagado.

Me hace sentir insignificante

Como si estuviera ante una diosa cuya indiferencia podría matarme

Y  cuya mirada es capaz de  destruirme

En  una sobredosis de sentimientos lacónicos y tiernos.

Adoro la suciedad que se perfila entre los dedos de sus pies,

Los pigmentos de diferentes colores que se introducen en sus uñas,

La blancura de su piel, que destaca sobre la amalgama de tonos.

Y me sumerjoo en esos colores,

Como en un sueño hipnótico,

Mientras suena alguna canción que nos gusta

Y ella permanece en silencio.

Nos acabamos a largos tragos

Una botella de tinto tan rojo

Como la sangre que bulle en mis venas de plástico duro.

No quisiera estar en otro lugar ni en otro momento.

Es la perfección hecha escena,

Y ella es el sueño que siempre tuve.

Es la prueba evidente de que,

Pese a vivir en el infierno de una mente torturada,

Absurda

Y estúpida,

Siempre hay algo por lo que merece la pena seguir,

Sentir,

Dejarse llevar,

Y apostarlo todo.

No todo es fútil e intrascendente

Ella no lo es.

Sus pies no lo son.

Estas manchas de pintura…

Todo lo que ella significa…

Hacen que el día anterior sea un mal sueño

Y el mañana se convierta en algo que merezca la pena vivir.

Sonrío antes de intentar besar de nuevo esos pies sucios

Por los que muero,

Y nos enzarzamos en una lucha

En la que su risa contagia mi alegría.

Risas sinceras y amor auténtico.

Magia.

Nada más que decir