martes, 21 de mayo de 2013

217

my baby's sick of my baby’s arms.
I never hide myself 

except head in her arms, 
in me, 
in my arms, 
never in hands.
That implied I had never her shoulder hawks.
all in on but one love in my baby's loneliness,
because I never hide but to my baby's baby for baby's arms.
I'll be alone 'cause hands are shining in her secret life
and get implied and then I implied and treat her in
hands alone

lunes, 20 de mayo de 2013

216

-¿Cómo se encuentra hoy?
-No lo sé, doctor. Mal, supongo.
-Bueno, bueno, no se desanime. En unas semanas estará de vuelta a casa.
-¿Unas semanas, doctor? ¿Cuántas semanas? ¿Dos semanas? ¿Diez semanas? ¿Cuántas semanas son semanas?
-No sabría precisarle.
-No sabría precisarme...
-Aún tenemos que hacerle diversas pruebas.
-Estoy cansada de tantas pruebas.
-Lo sé. Termina siendo agotador. Pero créame, es todo por su bien.
-¿Por mi bien, dice?
-Exacto. ¡Enfermera! Tome la temperatura a la paciente.
-Sin embargo nadie es capaz de decirme qué tengo.
-No se preocupe. Déjelo en mis manos. Debería descansar un rato.
-Descansar... No hago otra cosa que descansar. Me paso el día aquí tumbada, sin poder levantarme, sin ser capaz de dar una vuelta por el hospital y olvidar por unos instantes esta cama. Y encima, va usted y me dice que descanse.
-Entiéndame.
-¡No, entiéndame usted, doctor! ¡He sido todo lo buena paciente que he podido y siguen dándome largas! ¡Nadie me explica qué me pasa! ¡Nadie me dice nada! Las enfermeras se limitan a tomarme la temperatura y el pulso cada hora y salen huyendo de esta habitación tan pronto como pueden. Llevo más de un mes con la cabeza vendada, con el cuerpo agarrotado, con las manos inertes... Y aún así, nadie, absolutamente nadie, me da una explicación convincente de mi dolencia.
-Comprendo su impaciencia, pero...
-¿Qué tengo, doctor? ¿Cuál es mi mal?
-Esto...
-Sea sincero por una vez en su vida, por favor.
-Señora, me ofende. Siempre me he caracterizado por ser un profesional que no se anda con rodeos.
-¡Dígame qué me ocurre!
-Bueno... Esto... No sé cómo decirlo...
-Vaya al grano.
-Lo que pasa, lo que realmente sucede, es que no tenemos ni idea.
-¿Cómo?
-Pues eso. No sabemos qué le pasa ni qué dolencias tiene. En realidad le podría dar el alta ahora mismo, pero es que no me sale de los cojones.
-No entiendo. ¿Y la cabeza vendada?
-Es para no tener que verle la cara cada vez que le hacemos pruebas y le mentimos.
-¡No puede estar hablando en serio!
-¿Podría? No lo sé. La verdad, ¿por qué me pregunta cosas? Está en el hospital, ¿no? ¿Qué mejor lugar que éste donde sentirse seguro?
-Me voy.
-¡No puede irse!
-¿Por qué?
-Pues, en realidad, no lo sé. Pero no puede irse.
-¡Esto es el colmo! ¿Quién hizo que me ingresaran aquí?
-Su hijo.
-Yo no tengo hijos.
-Su marido entonces.
-Déjese de tonterías. Nunca me he casado. Soy demasiado joven para perder el tiempo.
-¿Su padre?
-Va a decir nombres hasta que acierte un parentesco, ¿verdad?
-Bueno, tenía que intentarlo.
-¿Y los síntomas que le he descrito antes?
-¿Qué síntomas?
-Pues el agarrotamiento del cuerpo, el que no pueda mover las manos...
-Eso es debido al tiempo que lleva postrada en la cama.
-¿No van a estudiarlo?
-¿El qué?
-No sé, los síntomas que tengo.
-¿Quiere? Me haría muy feliz que se quedase.
-¿A qué viene tanto interés en que siga ingresada?
-La verdad es que...
-Usted me ama, ¿verdad?
-¡Qué dice! ¡Está usted loca!
-Puede ser. Aunque no suelo equivocarme.
-Esta vez sí. ¡Enfermera!
-Quiere retenerme para verme todos los días. ¿Cree que no me he dado cuenta de su voz, de ese tono dulce con el que se dirige a mí? ?De esa simpatía melosa que me saca de los nervios?
-¡Enfermera! ¡Lleve a esta mujer a psiquiatría y que no salga de allí en un mes! ¡Está para que la encierren!
(ENFERMERA)-¡Cómo!
-Ya me ha oído. ¡Hágalo!
(ENFERMERA)-¿Y usted quién es?
-Pues no lo sé. ¿No soy el médico de esta planta?
-No. Ni siquiera estamos en un hospital. Esto es una tienda de ultramarinos.
(PACIENTE) -¡Dios mío, cuánto tiempo llevo aquí!
(ENFERMERA) -¿En el escaparate? Un año. Pero antes estuvo en la trastienda. Y al principio fue el reclamo que pusimos en la puerta. (AL DOCTOR) ¡Oiga, no se vaya! (A LA PACIENTE) ¡Este hombre viene todos los días a hablar con usted! Siempre hace el papel de doctor. No sé por qué. A veces le sigo el juego y otras no. No es mal tipo. Un poco extraño, pero no resulta peligroso. Creo que le gusta.
-¿En serio?
-Sería un partido interesante si no fuera porque a veces se le va la cabeza.
-¿Qué hago yo aquí?
-No lo sé. Simplemente apareció un buen día tumbada en esa cama.
-Y ¿por qué no me han echado?
-Y ¿por qué no se hacen tantas cosas? ¡Quién lo sabe! Relájese, es hora de su medicina.
-¿Qué medicina?
-Para calmar los nervios, ¿recuerda?
-No estoy en un hospital.
-Sí que lo está.
-¡No lo estoy! ¡Usted misma ha dicho que esto era una tienda de ultramarinos.
-¡Yo no he dicho tal tontería!
-¡Sí lo ha dicho! ¡Lo recuerdo perfectamente!
-La verdad es no sabe ni quién es ni dónde está. Tranquila,  aquí no se le va a hacer ningún daño. Tómese la medicina.
-Me quiero morir.
-Siempre dice lo mismo antes dormir.
-Es que es lo que siento.
-Buenas noches, señora. Mañana será otro día y se sentirá mejor.





martes, 14 de mayo de 2013

215

Todo está bien todo está bien todo está bien todo puede mejorarse pero está bien todo puede ser más y mejor pero está bien podría ser peor podría no ser por eso está  bien por eso sonrío por eso soy y bebo mi café de todas las mañanas en el mismo lugar de siempre en la misma taza y a la misma hora todo igual todo lo mismo mientras me digo me influyo me aliento a que todo está bien lo repito lo recito te lo cuento al oído mientras miras al infinito sin dejar de mirar esa vasta lejania esa oscuridad oscura en la que te metiste en la que caíste por un ictus maldito una vena que explotó una arteria ensagrentada y te acaricio la cara los labios cortados el cuello arrugado de una anciana hermosa de la que sigo enamorado un día más o un día menos y no dices nada pero nada de nada limitándote a mirar donde la vista no alcanza donde nada existe donde la negrura se expande donde vives desde hace meses pero todo está bien porque estoy a tu lado y puedo cogerte la mano y besarla y sentir tu piel fría y rugosa y mapeada intentando despertar tu cerebro catatónico porque siempre nos dijimos nos prometimos hasta anteayer como quien dice que moriríamos juntos que cogería tu mano y tú la mía en el momento del óbito qué mayor fuerza que esa para esperar el fatal desenlace que nos lleve a separarnos definitivamente para siempre hacia otra realidad inexistente y eterna pero lo miro lo siento con cierta alegría puesto que nuestra promesa se ha hecho realidad aunque ya no estés para comprobarlo aunque ya no seas aunque quién sabe lo que ves y lo que sientes pero moriré y desapareceré a tu lado tal y como te dije tal y como soñamos como pensamos como planeamos como tenía que ser por eso todo está bien todo está realmente bien todo está genial...

lunes, 13 de mayo de 2013

214


¿Qué hago yo aquí?
Repito... ¿qué hago yo aquí?... No me lo explico... No sé por qué he venido.... Ella... Ella salió de mi vida hace tiempo... mucho tiempo... años... décadas... y no de la mejor forma... Terminé odiándola.... Se convirtió en una figura del pasado completamente ajena a mi vida... Absoluta indiferencia... No la volví a llamar... ni ella a mí... Nuestra amistad, si es que alguna vez se pudo llamar así, murió... Ni siquiera agonizó... Simplemente desapareció... De un día para otro... Y me sentí engañado... Defraudado... Dolido... Como nunca antes... Así que no comprendo qué hago aquí, en su velatorio, en las horas posteriores a su suicidio... ¿Quiso ella que así fuera, que yo viniera a verla?... Lo desconozco... Alguien me avisó y mis pies hicieron el resto... Sin pensarlo... Supongo que fue así... Tal vez entendí que era mi obligación... Por todos aquellos años que nos unieron y que con tan poca vergüenza se pasó por la entrepierna...No le importó hacerme daño... Mucho daño... Y aquí estoy... Sin hablar con nadie, aunque conozco a alguno de los pocos que se han acercado a despedirse de ella... Viejos conocidos... Nunca fueron mis amigos... Les he saludado con una sonrisa y un movimiento de cabeza sin respuesta por su parte... No me apetece hablar... No quiero recordar viejos tiempos... Ni siquiera he visto el cadáver... No quiero... No es que me de cosa... Es que sencillamente no creo que sea lo conveniente... No pertenezco a este selecto grupo... No soy o fui parte de su vida... Me siento extraño... Me gustaría irme y sin embargo no puedo... ¿Qué me retiene?... No lo sé... Es extraño... No siento nada por ella... Dejé de sentirlo hace mucho tiempo... Años... Décadas... Me sentí libre cuando se fue... Como si me hubiera quitado un lastre... Tal era lo que sentía al final de nuestra relación... Los dos, me imagino... Ya no volvió a ser nunca lo mismo... Ahora el frío recorre mis sentimientos... Ni una lágrima asoma por mis ojos helados... Es triste, pero así es... Por eso me pregunto continuamente qué hago aquí... Podría estar haciendo mil cosas más interesantes que despedirme de una persona que hace tiempo que no me aporta nada... Pero aquí sigo... ¿Por qué se habrá ahorcado?... ¡Sé tan poco de su vida!... Una completa extraña... Y sin embargo la veo observarme, clavar sus ojos oscuros en mi cara... ¡Un momento!... ¿Qué hace ahí?... Está muerta... ¿por qué entonces está de pie frente a mí mirándome con ese rostro pétreo que no dice nada bueno?... ¡No puede ser!... Esto debe ser una mala jugada de mi cerebro... ¡Es de locos!... Y sin embargo se mueve... ¡Está viva!... Mueve sus labios pero no consigo oírla... ¿Qué dice?... No hay duda de que se dirige a mí, pero ese grueso cristal que nos separa me impide escucharla... ¿Qué cristal?... No me había dado cuenta de él hasta ahora... ¡Espera! ¡Oh, cielos, dónde estoy!... No puedo moverme... ¡NO PUEDO MOVERME!... Imposible levantar los brazos... ¿Estoy tumbado?... No lo sé... No siento nada... No sé en qué posición estoy... Sólo siento, por un ligero recuerdo que no consigo situar, que me duele el cuello... El cuello... ¡Dios!... Intento levantarme pero mi cuerpo está... muerto... ¡Es terrible!... Y ella me mira con odio mientras su boca roja se estira en una mueca horrible... ¿Sonríe?... Puede ser... Disfruta viéndome pasarlo mal... Aunque no sé si es consciente de que la observo... Mi cuello... ¿Qué hice ayer?... No quiero acordarme... Tengo miedo de descubrir cosas... de asomarme al abismo... Y ella se va... Media vuelta y sale del velatorio... Mi velatorio... Mi muerte... Mi cuerpo rodeado de flores metido en una caja de pino... Supongo... Me es imposible saberlo... Todos se van... Los pocos que han venido a verme... Me quedo solo... Me imagino que me lo merezco... No lo recuerdo... Supongo que por eso me duele el cuello...

jueves, 9 de mayo de 2013

213

Cada siete minutos y medio abre los ojos, como si algo dentro de él le pinchara. Se evapora el sueño. Se encuentra en mitad de la oscuridad, de la noche, en completa soledad. Siempre ha sido así. Es complicado dormir, descansar. Aunque el cerebro esté vacío de problemas. O eso cree. Alguien llama a la puerta en plena madrugada. Se levanta de la cama, o del sofá, o del sofá-cama donde el sueño es tan efímero. Abre la puerta y una señora a la que no reconoce, le informa de la muerte de una de sus pacientes. Cierra la puerta y se despide de la mujer. O al revés. Apenas sabe lo que hace. Se viste con la misma ropa del día anterior. Sale a la calle. Nieva profusamente. Tiene que pararse durante unos segundos para dilucidar el camino a seguir. El frío es intenso. Echa de menos el lugar donde yacía e intentaba dormir sin dormir. Se le cierran los ojos. Los huesos se congelan. Un caballo que anda suelto por la calle cae fulminado por el frío. Lo observa durante unos instantes y reanuda el caminar.
Llama a la puerta. Le abre un hombre que no conoce.
-¿Quién es usted? -pregunta con voz cansada y hastiada.
-¿Y usted? -responde el hombre de aspecto cadavérico y mirada vencida.
-Yo soy el médico.
-Yo soy el casero. Entre.
-¿Dónde está la paciente?
-En el salón. Es imposible moverla.
Frente a él se extiende una mole de carne de unos doscientos kilos tirada en el suelo. No recordaba que fuese tan gorda. Esa no es la palabra. Tiene la enfermedad en sus grasas. No se mueve. Inerte como una piedra. La cara desencajada en un mueca de horror. Presenciar la muerte nunca es agradable. El médico se agacha, le toma el pulso, le pone un espejo frente a la boca y escucha los latidos mudos de su corazón forrado de grasa.
-Está muerta.
-Eso parece. ¿Qué hacemos ahora?
-Tengo que rellenar un informe. ¿Tiene coche?
-Uno de caballos.
-Servirá. Vaya a por él y espéreme en la puerta. No tardaré.
El casero sale del apartamento. El silencio cae como una losa. El frío extiende sus ramificaciones por la casa y hace que el médico tiemble de forma enfermiza. Le es imposible escribir. Mira a la paciente, a la muerta, a la mujer que alguna vez sufrió entre estas cuatro paredes.
-¿Quién eres? -pregunta el hombre en un susurro.- Apenas te recuerdo.
No hay respuesta.
El médico se levanta del suelo. Los papeles caen y flotan en el aire. Como en un sueño. Se dirige a la puerta. Echa el cerrojo. Apaga las luces.
-Sólo necesito dormir un poco.
Coge una manta tirada en el sofá y se tumba encima de la mujer. La abraza. Sus brazos apenas tienen longitud suficiente para abarcar el perímetro del enorme cuerpo de la muerta. La besa en la boca abierta que ya no expulsa alientos. Introduce la lengua en el agujero oscuro y comprueba el tacto rugoso y seco de la de la muerta.
-¡Buenas noches, amor! -dice el médico mientras cierra los ojos y alguien comienza a golpear la puerta. Será el casero. Da lo mismo. Cuando despierte se preocupará de los detalles. Ahora sólo necesita dormir.
En seguida los ruidos se vuelven acuosos en su cerebro. ¿Soñará? ¿Quién sabe? Sólo sabe que nunca antes se sintió mejor. Es lo último que consigue pensar.

lunes, 6 de mayo de 2013

212


-Vamos a tener un hijo.

-¡Vas directa al grano!

-¿Cómo?

-Que no te has andado con rodeos estúpidos ni medias tintas. Lo has dicho tal cual.

-Claro. ¿Hubieses preferido lo contrario? 

-No, da lo mismo. No estoy seguro de lo que hubiera preferido. Quizá no tener que haberlo oído.

-¿Asustado?

-¿Tú no?

-No. ¡Es nuestro hijo!

-Ya, por eso. Aunque, ¿quién te dice que lo que tienes dentro sea un niño?

-También podría ser una niña.

-No me refería a eso.

-No sé a dónde quieres llegar.

-No sabemos a ciencia cierta que vayamos a tener un ser humano.

-Y, ¿qué demonios te crees que voy a parir? ¿Un cerdo?

-¿Quién sabe?

-¿Estás tonto o te lo haces para ponerme de los nervios?

-No, no. Sólo digo que quizá no tengas un niño ahí dentro.

-Aún no se ha desarrollado.

-Lo sé. Por eso me asusta el encontrarnos de repente con... no sé... un pie. O una oreja. O una cosa que sea tan rara que ni siquiera tenga nombre.

-¿Lo dices en serio?

-Completamente.

-Pero, ¿en serio, en serio?

-¿Tengo cara de estar bromeando?

-No sé... Es que lo que estás diciendo es tan absurdo que creía que estabas de broma. Dime que me estás tomando el pelo, por favor.

-No lo hago. Hablo muy en serio.

-Pero, ¿cómo vamos a tener una oreja en vez de un niño, estúpido? ¿Acaso no has estudiado en la escuela el tema sobre la reproducción? ¿Dónde cojones estabas ese día?

-A ver... No soy tan gilipollas. Sé de qué va todo ese tema de los espermatozoides y el óvulo y bla, bla bla.

-¿Entonces? ¿A qué viene todo esto? ¡No comprendo nada!

-Sólo digo que no estamos seguros de lo que va a nacer, nada más.

-Claro que no estamos seguros, pero hay un cien por cien de probabilidades de que sea un ser humano.

-O una oreja.

-Y dale. ¿Eres tonto?

-Oye, ¿te he insultado yo a ti?

-No, pero, ¿eres tonto?

-Si te vas a poner así...

-¿Que si me voy a poner así? Te digo, con toda la ilusión del mundo, que vamos a ser padres y tú me dices que puede que tengamos una oreja.

-Mujer, puede que sea otra cosa. Aún no lo sabemos.

-Me dan ganas de golpearte.

-Ya te estas poniendo violenta.

-¿Tienes miedo? Es eso, ¿verdad? De repente te han entrado los miedos del padre primerizo. Seré capaz de criarlo... Seré un buen padre... Saldrá el niño bien... Tendré el dinero suficiente para que no le falte de nada...

-No. No tengo miedo. Asumo mi responsabilidad.

-¿Te gustaría que tuviéramos una oreja?

-No, la verdad

-Me voy a casa de mis padres.

-¿Qué dices?

-No soporto estas tonterías.

-Puede que no sea una oreja. O un pie, o una nariz. Puede que sea algo que te coma por dentro. Como una especie de parásito.

-Bueno... Durante nueve meses y hasta que nazca será un parásito, de eso no hay duda.

-Ya, pero un parásito desconocido que acabe contigo.

-No puedo más.

-Deberías abortar.

-Me dan ganas de matarte.

-Mata al niño. Nos quedaremos más tranquilos.

-¡Ajá! O sea, que piensas que es un niño.

-No lo sé. ¿He dicho niño?

-Lo has dicho.

-No quería decirlo.

-¿Por qué no admites que no quieres ser padre?

-No puedo admitirlo porque no es cierto.

-Vale, me voy a casa de mis padres. Cuando nazca y veas que no es ni un parásito, ni una oreja y ni mucho menos un pie, volveré.

-No vuelvas. No quiero verlo.

-¿Ni aunque sea un niño?

-Prefiero una oreja.

-Se acabó.




viernes, 3 de mayo de 2013

211

¿De qué quieres que hablemos? ¿De ti? ¿De mí? ¿De nosotros? No, de nosotros no. Es aburrido, insípido, nostálgico, decadente y frío. Como las paredes de la habitación. Como tu mirada cuando piensas en otra cosa. En esa cosa. En la cosa. ¿Qué cosa? Dime, ¿eres feliz? Yo lo soy. Adicto al dolor y a la lobotomía, pero feliz. ¿Ves?, tengo una cama donde dormir y poder soñar. A veces paso frío, pero no deja de ser una cama, un catre, una mierda de colchón barato donde descanso tras un nuevo día perdido. Es triste, pero es así. Cada día que pasa es una nueva confirmación de lo que se me escapa y nunca más volverá. Mi vida es tan... Ni siquiera sé ponerle un calificativo adecuado sin sentir una profunda arcada proveniente de lo más recóndito de mi estómago ulceroso. ¿Triste? Sí, lo es, no te lo voy a negar. Pero no pienso en ello, no quiero. Simplemente me dejo llevar. ¿Ves esa araña? En aquella esquina. Tengo más en común con ella que contigo. Que con cualquiera. Ella se pasa el día esperando a que la presa caiga en su red. Yo también. La diferencia es que ella tiene más suerte. ¿De qué quieres hablar? Para eso has venido, ¿no? ¿O sólo quieres ver cómo vivo, cómo sobrevivo? Ya puedes darte media vuelta. Mi vida no ha cambiado mucho en los últimos veinte años. Mis sueños sí. Es lo único que me mantiene con vida. Podría contarte mil historias y todas ellas serían falsas. No me gusta mentir, pero lo haría si con ello consigo una sonrisa tuya y hago desaparecer esa expresión de preocupación de tu rostro. No hay que alarmarse, sé defenderme. Apenas salgo. Apenas como. Sólo me levanto de esa cama para mirar por la ventana. Tampoco puedo decirte  lo que pienso o siento cuando lo hago. A veces me tiro el día entero sentado en la taza del váter. Desnudo, evacuando toda la mierda que almaceno. No es mucha. Ya te digo que apenas como. ¿Ves cómo se me notan las costillas? Observa. Tétrico, ¿verdad? Podría ser peor. De hecho será peor. Ya no tengo fuerzas. Ya he perdido la ilusión por las cosas. Simplemente me dejo llevar. Algún día me encontrarán muerto. Nadie vendrá a buscarme. El olor de mi cadáver atraerá a los vecinos. Se quejarán. Tirarán la puerta abajo y me encontrarán muerto. Descompuesto. La mirada perdida en el infinito de la oscuridad. Bonito, ¿verdad? ¿Por qué me miras así? Quita esa expresión de tu cara. Si pudiera atravesar el espejo te mataría. Sabes que lo haría. Al fin y al cabo, no dejas de ser yo, pero sin ser yo. No sé lo que quiero decir. Mejor será que vuelva a la cama. Si quieres pásate mañana a la misma hora. Me ha gustado hablar contigo. Me ha hecho recordar y olvidar, todo al mismo tiempo. No tengo fuerzas para seguir hablando. Si mañana no me ves, sabrás que ya no estoy. Es triste, sí. Y complejo.